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La naturaleza dramática de la topografía
del entorno de Zorrotzaurre y la amplia curva
de la Ría condicionan de forma sutil la bien definida
malla urbana de Bilbao.

La alineación resultante de los edificios genera un
terreno finalmente texturado a lo largo de la zona, contrayéndose
para adecuarse a la pequeña escala de la edificación
actual y dilatándose en respuesta a los espacios más
abiertos.
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De esta manera, el Plan da cabida tanto a edificios históricos
como a importantes nuevas inversiones, a la vez que pone a
ambos en contacto con una ribera pública generosa.
El “skyline” futuro de Zorrotzaurre
presenta un perfil irregular con generosos vacíos,
que nos recuerda a otras riberas densamente construidas en
otras zonas del mundo.
El volumen construido es más bajo en el Distrito Central
para reflejar el claro encanto del Parque de Sarriko al otro
lado del canal y crear un lugar perfecto para mostrar la unidad
del paisaje, la historia y la apasionante arquitectura nueva.
El largo recorrido del “skyline” se eleva suavemente
hacia cada punto final, mientras dentro de cada grupo de edificios
el perfil tiene la irregularidad atractiva de las ciudades
que van transformándose con el tiempo.
Los perfiles estrechos de los edificios vistos desde el otro
lado del agua acentúan su altura y dan a la isla un
sentimiento urbano.
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